CAMÍ DE SANTIGA


< >
    Blogger Comment
    Facebook Comment

2 Comments:

  1. (Leyenda sobre el origen del libro “Tao Te King” dictado por Lao-Tse en el camino de la emigración)

    A los setenta años, ya achacoso
    sintió el maestro una gran ansia de paz.
    moría la bondad en el país
    y se iba haciendo fuerte la maldad
    Se abrochó los zapatos.

    Empaquetó las cosas necesarias.
    Pocas. Pero algo había que llevar.
    La pipa en que fumaba cada noche.
    El libro que leía a todas horas.
    Algo de blanco pan.

    Gozó mirando el valle, y lo olvidó
    cuando la senda comenzó a ascender.
    Rumiaba el buey, alegre, hierba fresca
    mientras llevaba al viejo,
    pues iba muy de prisa para él.

    Caminó cuatro días entre peñas
    hasta que un aduanero lo paró.
    “¿Alguna cosa de valor?” “Ninguna”
    “Es un maestro” dijo el joven guía
    del buey. Y el aduanero comprendió.

    Y el hombre, en un impulso afectuoso
    aun preguntó: “¿Qué ha llegado a saber?”
    Y el muchacho explicó: “Que el agua blanda
    Hasta a la piedra dura acaba por vencer.
    Lo duro pierde”

    Aprovechando aquel atardecer,
    tiró el guía del buey, siguiendo viaje.
    Ya se perdían tras de un pino negro
    cuando los alcanzó el buen aduanero,
    les gritaba: “¡Esperádme¡”
    “Dime otra vez eso del agua, anciano”
    Se detuvo el maestro: “¿Te interesa?”
    “Soy sólo un aduanero”, dijo el hombre,
    “pero quiero saber quien vencerá.
    Si tu lo sabes dímelo.

    ¡Escríbemelo! ¡Díctalo a este niño!
    no lo reserves sólo para ti,
    en casa te daré tinta y papel
    y también de cenar. Yo vivo allí.
    ¿Aceptas mi propuesta?

    Examinó el anciano al aduanero:
    chaqueta remendada, sin zapatos,
    viejo antes de llegar a la vejez.
    No era precisamente un triunfador.
    Murmuró: “¿Tú también?”

    Había vivido demasiado para
    no aceptar tan amable invitación.
    “Quien pregunta merece una respuesta.
    Parémonos aquí” dijo en voz alta.
    “Hace ya frío”, el guía le apoyó.

    Echó pie a tierra el sabio de su buey.
    Escribieron durante siete días
    alimentados por el aduanero.
    Quien maldecía ahora en voz muy baja
    a los contrabandistas.

    Una mañana, al fin, ochenta y una
    sentencias dió el muchacho al aduanero.
    Y, agradeciéndole un pequeño don,
    se perdieron tras el pino negro.
    No es fácil encontrar tanta atención.

    No celebremos, pues, tan sólo al sabio
    cuyo nombre en el libro resplandece.
    Al sabio hay que arrancarle su saber.
    Al aduanero que se lo pidió
    Demos gracias también.

    Bertolt Bretch

    ResponSuprimeix
  2. Quizás no tenga a ver con este poema de Bretch, pero diria que lo que hacia el sabio era algo que sólo puede decirse en catalán: badar, tafanejar el paisatge.

    ResponSuprimeix

Get Update Article on FacebookX

Find Us on Facebook

Get Update Article on Google+X

Follow Us on Google+